¿Puede el comunizador ponerse de pie?

Guardias nacionales en una barricada de Belleville, el 18 de marzo de 1871. Durante los acontecimientos de la Comuna de París.

Este artículo está escrito por Madelyyna Zicqua. 

Biografía de la autora: Madelyyna Zicqua es una activista, traductora, escritora e investigadora del CTPo. Ha publicado diversos textos enmarcados en la difusión del anarquismo, el comunismo y el pensamiento queer radical. Desde el 2021, gestiona la página de Instagram Comunista Libertaria (@comunistalibertaria) donde sube publicaciones relacionadas con la filosofía, la tecnopolítica y la sociología

Breve introducción al texto: Desarrollo este escrito en la forma de tesis breves como antesala de la producción de un tratado más extenso y fundamentado que las desarrolle, perfeccione y dé una base bibliográfica mucho más extensa. Mi única intención es resaltar lo que, considero, son sitios donde se construyó sobre la arena y hacer una contribución al refinamiento urgente de nuestra teoría comunista de la revolución.

La teoría de la comunización halla su origen a partir de las reflexiones de los compañeros franceses de Troploin y Théorie Communiste, así como –posteriormente– de los angloparlantes Endnotes y una plétora de simpatizantes de la misma órbita. Como tal, esta ha cobrado cierta relevancia entre ciertos activistas y académicos radicales conscientes tanto del carácter moribundo de la política del movimiento obrero como de la teoría tanto leninista como de la ultraizquierda comunista. Debates extensos y acalorados se han desplegado en las últimas décadas con la intención de hacer sentido de la posibilidad de un comunismo futuro. Esta es una modestísima contribución al mismo.

El presente texto tiene, sobre todo, el carácter de anuncio, de llamado de atención, de declaración de intenciones. Esto implica algunas limitaciones que es necesario enunciar desde el principio. La más importante de ellas: tratar la teoría de la comunización como si fuese una sola cosa, pese a la significativa diversidad de posiciones que se enmarcan en ella (lo que, quizá, haría que el término –en singular– “teoría” de la comunización sea impropio, y debiésemos, en cambio, hablar de un universo, una constelación de teorías de la comunización). Una aproximación posterior más detallada debería estar en condiciones de distinguir entre particularidades fundamentales de las distintas posturas. Por ahora, tómese lo a por criticar simplemente como una posición artificial que trata de hacer un promedio, mayoritariamente, entre los puntos de vistas de Théorie Communiste y de Endnotes. Por causa de que los trabajos de Troploin (Gilles Dauvé y compañía) gozan de algunos aspectos que los alejan sustantivamente de Endnotes y Théorie Communiste, los excluyo desde ya de este ejercicio.

Doy por sentado que el lector no desconoce del todo qué es eso de la teoría de la comunización. Igualmente, permítaseme fijar tres coordenadas mínimas. La primera: frente al obrerismo clásico, que buscaba la afirmación de la identidad proletaria y la emancipación del trabajo, la comunización sostiene que la revolución no es el triunfo de la clase trabajadora, sino su autoabolición inmediata; el proletariado no se libera afirmándose, sino suprimiéndose a sí mismo como clase. La segunda: frente a cualquier proyecto de gestión o democratización de la economía, se postula la destrucción inmediata de las mediaciones fundamentales del capital, como el valor, el dinero y la mercancía, rechazando así cualquier etapa de transición. La tercera: frente al programatismo del movimiento obrero histórico (la idea de que primero se conquista el poder político para luego transformar la sociedad), la comunización sostiene que la transformación de las relaciones de producción es la revolución misma, no su resultado. De estas tres coordenadas se derivan, como se verá, sus virtudes y sus problemas.

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